Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

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sábado, 6 de mayo de 2017

Noam Chomsky desde una perspectiva siria

Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin al Haj Saleh

Fecha: 05/05/2017





No había pasado ni un mes de mi salida de la cárcel a finales de 1996 cuando comencé la traducción del libro Powers and Prospects de Noam Chomsky, el conocido lingüista, activista y crítico político estadounidense. Conseguir libros extranjeros no era fácil para gente como yo en su momento; sin embargo, los padres de un compañero mío que aún estaba en prisión me visitaron pocos días después de mi salida. Pensaron que podía estar interesado en traducir un libro que quizá habían planeado enviar a su hijo, mi compañero, antes de que nos exiliaran a ambos a la terrible prisión de Tadmor a principios de 1996. El compañero Al-Harith al-Nabhan había traducido dos libros de Chomsky mientras estábamos en la prisión de Adra, aunque se publicaron con el nombre de su hermana.

En lo que respecta a nosotros, los presos comunistas, cuyo pilar de identidad intelectual y político se había desplomado mientras estábamos aún en la cárcel, las obras de Chomsky nos transmitían que la lucha por la liberación y la igualdad en el mundo seguía siendo posible, y que quizá la disolución de la Unión Soviética y su bloque nos había quitado un peso en esta lucha. En ello había algo que podía servir para salvar nuestros significados y apuntalar nuestra tropezosa lucha política. Aunque no mucho, pues los escritos de Chomsky se centran casi por completo en EEUU y apenas cubren parcialmente las necesidades de los luchadores pos-comunistas en busca de tierra firme.

Aproximadamente un año y medio después, terminé la traducción en colaboración con otro compañero de cárcel, Safwan Akkash, que estuvo más de 15 años en las cárceles de Hafez al-Asad, de un libro sobre Chomsky: A life of Dissent de Robert F. Barsky. Intentábamos asegurarnos un sueldo mediante la traducción por una parte y por otra, retomar nuestro rol público con los medios disponibles. En la introducción que escribimos, intentamos ligar nuestra desconocida lucha sobre la que hablamos en términos generales, a la lucha de Chomsky en los años sesenta del siglo XX en el seno del movimiento por los derechos civiles en EEUU. En ese momento, el hombre fue detenido durante uno o dos días, y nosotros, ex presos, solo podíamos decir que la persecución que Chomsky había sufrido había sido un mero juego de niños en comparación con lo que sufren los luchadores y la gente común en países como el nuestro.

Nuestra intención no era en absoluto restarle valor a uno de los pensadores más conocidos del mundo. Simplemente queríamos dejar constancia de la diferencia, y quizá buscábamos reconocimiento. Salimos de la cárcel no solo para encontrarnos una realidad en la que el régimen que nos había encerrado durante largos años dominaba, sino también para darnos de bruces con la pérdida de confianza mundial y global en las ideas del socialismo y el comunismo que era nuestro identificador en el momento de ser detenidos. 

Estábamos de veras agotados, sin confianza en nosotros mismos. Buscábamos la fuerza en lo que nos parecía un eslabón de la lucha, que no era en absoluto independiente de la nuestra. Sin embargo, no era así, y conllevaba en cierto modo una aspiración mundial como la que se había derrumbado hacía nada.

El problema es que la obra de Chomsky es apenas reconoce la diferencia y su visión mundial se centra desmesuradamente en EEUU. Sus obras se baten en continua lucha contra las políticas estadounidenses en el mundo, y ven los tentáculos estadounidenses en casi todo. El hombre se opone al papel de EEUU en el mundo desde la perspectiva de que EEUU es una fuerza imperialista dominante sin parangón en el mundo de hoy, y desde la perspectiva de que EEUU es su país. Por eso, piensa ─acertadamente en mi opinión─ en que el deber del intelectual es criticar las políticas de su país en primer lugar, y no, por ejemplo, criticar las políticas del enemigo oficial, como la Unión Soviética en los años de la Guerra Fría.

Es una buena postura, aunque estemos en un mundo interconectado hoy, invitados a asumir una responsabilidad mundial que no se reduce a cuestionar y pedir explicaciones a las élites del poder en nuestros países. Y ello se aplica antes que nadie a los intelectuales estadounidenses y occidentales, dados sus privilegios a la hora de moverse, su gran preparación profesional, su relativa inmunidad y su capacidad de llegar a diversas fuentes de información de forma más sencilla. Sin embargo, Chomsky no se opone al papel de EEUU en el mundo solo porque EEUU es su país, sino porque lo considera la fuerza imperialista con mayor influencia en el devenir del Universo. Eso es lógico, pero su forma de pensar se inclina hacia la negación de la amplia independencia de las luchas sociales y políticas en otros países del mundo, casi doscientos.

La realidad es que no piensa en ese punto. No dice que todas las luchas son una misma contra el imperialismo; sin embargo, su obra parece llegar a una conclusión como esta, más que a certificar la independencia de las diferentes luchas en diferentes países.

En nuestra región de mundo, Oriente Medio por ejemplo, hay actores políticos locales que son la primera fuente de mal, de discriminación, de despotismo, de masacres y del empeoramiento de la vida. Algunos de ellos se apoyan de facto en el apoyo que les brindan las sucesivas administraciones estadounidenses, y muchos otros prefieren cargar los problemas que sufre su país a los estadounidenses; sin embargo, su margen de independencia es amplio en ambos casos. La situación de los palestinos no se comprende sin el firme apoyo que reciben las élites políticas y militares israelíes, pero no se puede negar la responsabilidad de dichas élites en los crímenes que cometen contra los palestinos. Los asadianos en Siria prefieren ligar sus problemas generales a Israel y EEUU, de forma que ellos no carguen con ninguna responsabilidad.

Mientras, no dejan de relacionar sus logros imaginarios consigo mismos en el ámbito de la lucha con esas fuerzas enemigas conspiradoras. En el mundo árabe se dan situaciones extremadamente negativas, en lo político y en lo humano, que no se comprenden de veras si no se tiene en cuenta el papel que juegan las potencias de dominio mundial, especialmente EEUU, a lo largo de tres generaciones. Sin embargo, no es correcto que toda la situación se deba al papel que han jugado. No se puede tampoco inferir la independencia de las luchas en todo caso partiendo de la ideología proclamada por sus élites. En la buena relación de Israel con EEUU no hay nada que niegue la independencia de las instituciones israelíes en sus crímenes. La turbulenta relación entre los asadianos y EEUU tampoco es en lo que se puede uno apoyar para hablar de la independencia de nuestra lucha. La independencia nace de la estructura actual del mundo.

Existe una pluralidad de luchas y unas son independientes de otras. No existe además un modelo de determinismo mundial que determine su dependencia de una única lucha central. Se trata de una lucha contra el imperialismo estadounidense, aunque no digamos que el concepto heredado de imperialismo, que lo imagina como una perla escondida en algún lugar de EEUU, tal vez la Casa Blanca, tiene una utilidad limitada. Y hoy nos encontramos ante un sistema de relaciones internacionales que niega el derecho de los habitantes a decidir su destino, un destino que las élites locales reproducen según su interés. La relación de la élite asadiana con el común de los sirios, por ejemplo, es más parecida a la relación de Israel con los palestinos, a quienes niega la propiedad de sus tierras y la decisión de su destino. Igual que la relación colonial entre los colonos y los colonizados. Podemos diferenciar entre imperialismos centrales e imperialismos periféricos, pero no entre imperialismos e imperialismos. Lo mejor, en mi opinión, es trabajar para cambiar el paradigma en su conjunto.

La cuestión no se reduce a que Chomsky no nos sirva para eso, sino que parece que ese antiimperialismo desarrolla las luchas imperialistas que le conciernen, cuando tiende a ver todas las luchas del mundo desde la perspectiva de una única gran lucha que lo pone a él mismo y sus semejantes contra el establishment. Ese modelo de “expansión imperialista” nos deja a los realistas bajo el dominio de las mafias locales asesinas invisibles y cuya voz no se escucha.

Y parece que la postura de Chomsky en relación a la revolución siria nace de su antigua perspectiva imperialista, que niega la autenticidad y la independencia a nuestra lucha. El pensamiento del hombre se ha mantenido centrado en la alta política y los grandes actores, al acecho del papel estadounidense, con una tendencia clara a fijarse en los estadounidenses que desean la caída del  régimen asadiano y no al revés. Ello oscila entre una simplificación que nace del envejecimiento de la perspectiva, y el craso error. Chomsky coincide con la izquierda mundial y la derecha y el centro en la demonización de los yihadistas, uniéndose con ello a un consenso asfixiante que no precisa de otra cosa que personas como él, y que tiende a considerar a los revolucionarios sirios en general como yihadistas. En cuanto al régimen asadiano, lo ve como el rival de ese mal absoluto, y reprocha a los estadounidenses que no se oponen lo suficiente a los yihadistas. Si lo hicieran, no estarían en contra del régimen asadiano que los combate en su opinión (y contra los iraníes). Esto trasluce los problemas del centralismo de Chomsky de forma temprana. Desde su posición estadounidense, no ve cómo la fuerza principal del mal sin parangón en Siria es el Estado asadiano y que el cambio positivo en Siria es imposible sin cerrar ese capítulo. Es cierto que el hombre ha calificado a Bashar de bestia, pero lo dijo para luego centrarse en otra cosa que para él es lo importante. Error. Lo importante y lo más importante es que Bashar al-Asad (como nombre de un régimen, su élite y una relación política) es una bestia y un asesino. El resto de cosas, incluidos Daesh y Al-Qaeda son secundarias. El mundo entero estará con nosotros contra los yihadistas si nos deshacemos del asesino principal que 
gobierna el país y lo posee desde hace cerca de medio siglo.

Durante seis años y medio desde el inicio de la revolución, ha quedado claro que Chomsky no sabe nada de valor en relación a Siria, ni de su sociedad, ni de su vida política, ni de su historia, y se basa en fuentes en absoluto merecedoras de respeto, como Patrick Corbin y Theodor Postol (que niega la responsabilidad del régimen en la matanza química de Jan Sheijún), y que está lejos de la consistencia ética y política en relación a la cuestión siria, como ha quedado claro en los intercambios de correspondencia que ha mantenido con él y publicado Sam Chales Hamad recientemente. Esto no es una deficiencia personal, sino que está ligada con la visión del conocido pensador estadounidense. Desde esa perspectiva imperialista, ni somos vistos ni prácticamente existimos.

Chomsky fue un pilar para nosotros a la salida de la cárcel tras una primera vuelta de lucha social y política en nuestro país, aunque no parece que él supiera nada de nosotros en ningún momento. Hoy no puede decir nada claro ni útil de la segunda vuelta de la lucha, mucho más grande que la anterior, y que es lo más importante que sucede hoy en el mundo. Sin embargo, nosotros sabemos hoy que nuestro pilar es esta ingente lucha en sí misma, y que la independencia de nuestra lucha de los grandes planes imperialistas de crear imperialismos inversos es el pilar más firme para nuestra aspiración de liberar nuestro país asolado y hacerlo independiente.  No hay otro pilar.

viernes, 28 de abril de 2017

Sobre mi viaje a la ciudad de la que huyó la vida: Jan Sheijún



Texto original: Rassef 

Fecha: 13/04/2017

Autor: Karim Shahin


Jan Sheijún parece una ciudad sin vida.

Es como si estuviera habitada por fantasmas desde que fuera bombardeada con gases venenosos la mañana del martes de la semana pasada, entre los que es probable que se encuentre el gas sarín. Más de ochenta personas perdieron la vida debido a ese salvaje bombardeo.

El ataque químico, el más atroz desde el inicio de la guerra en Siria solo por detrás del bombardeo químico de la zona de Al-Ghouta en 2013, provocó un cambio en la política estadounidense hacia Siria, después de que la administración de Donald Trump hubiera dicho que no veía la necesidad de que Bashar al-Asad se marchara.

Visité la ciudad de Jan Sheijún el jueves pasado, 48 horas después del bombardeo químico. Atravesé 140 kilómetros desde Turquía  hasta la ciudad devastada.

Ningún periodista de agencias extranjeras ha visitado la provincia de Idleb, bajo control de la oposición, desde hace años, debido al peligro de ser secuestrado, por los bombardeos del régimen de Asad y por la expansión de Al-Qaeda, que, tras su unión con otras facciones armadas y el anuncio de la ruptura de sus relaciones con Al-Qaeda, ha pasado a llamarse Hay’at Tahrir al-Sham.

La vida sigue no sin precaución en las ciudades y municipios de Idleb, a pesar de la guerra y los bombardeos aleatorios. La zona rural de la provincia es en primavera una de las zonas más bellas de la tierra: puro verdor se extiende ante los ojos, y los olivos, cerezos, almendros y nogales florecen.

No entré en Ariha o Idleb, pero vi rasgos de vida en otras ciudades, aunque tímidos por el miedo constante a los ataques aéreos. Sin embargo, los indicios de guerra en Idleb no se pueden equiparar a la belleza de su naturaleza, que los supera y grita en voz alta para anunciar su presencia. Las alarmas desde las torres de vigilancia avisan de la entrada de aviones de guerra en el cielo de la provincia apenas cesan durante la mañana.

Un humo siempre visible se eleva hacia el cielo tras los ataques, siempre que miras hacia los municipios de la ruta hacia el campo, lo que invita a pensar en el infierno diario que viven los habitantes de los municipios alcanzados.

Después, desaparecen los pequeños indicios de vida al llegar a Jan Sheijún. Es una ciudad prácticamente abandonada tras la huida de numerosas familias, muchas de las cuales se habían refugiado ahí tras huir de los frentes de la vecina provincia de Hama, y a cuyas casas decidieron volver para enterrar a las víctimas del bombardeo químico.

Primero me dirigí al punto donde se produjo el bombardeo químico, teniendo cuidado de no pasar demasiado tiempo en la ciudad ante la constante vigilancia aérea, lo que aumentaba las posibilidades de que la ciudad fuera bombardeada.

Quise cerciorarme de las declaraciones del Ministerio de Defensa ruso, después de que el régimen sirio afirmase que se había bombardeado un almacén de armas químicas en la ciudad de Khan Sheikhun, lo que había provocado la filtración de los gases y la muerte de las víctimas.

El punto donde había caído el proyectil seguía visible. Era un agujero negro en medio de la calle, en el que había metralla verde. A uno de los lados había edificios de viviendas y en el otro, un almacén y varios silos que se habían usado previamente para la elaboración y almacenamiento de cereales.

Entré al almacén, que seguía estando en pie cuando fui. No encontré nada en su interior más que escombros, y una red para jugar al voleibol, que se veía que no se había usado en mucho tiempo. En los silos no encontré nada más que algo de paja, estiércol y olor a heces de animales.
Uno de los voluntarios de la Defensa Civil (Cascos Blancos) de la ciudad, y otros testigos me describieron cómo se desarrollaron las cosas el día del bombardeo: los aviones de guerra lanzaron cuatro ataques contra la ciudad entre las 6:30 y las 7:00 de la mañana. La Defensa Civil y los vecinos pensaron al principio que eran ataques comunes.

Sin embargo, cuando llegó el primer equipo de Cascos Blancos, en la sede se sorprendieron ante las peticiones de auxilio que recibían por parte de los propios equipos de salvamento, que informaron de que estaban empezando a desfallecer y perder la consciencia. El resto entendió que se trataba de gases venenosos.

Un hombre que vive cerca del punto bombardeado, que dijo llamarse Abu al-Baraa, dijo que cuando salió a la calle se encontró con escenas terroríficas. Las víctimas yacían en el suelo, con los labios azulados, respirando con dificultad y con espuma saliendo de su boca.

Los equipos de salvamento describen lo que vieron como si se tratara del Apocalipsis: niños asfixiados en sus camas, familias que se desplomaron y perdieron la consciencia sobre las escaleras de las casas, en las azoteas y en los sótanos.

Los afectados que seguían vivos fueron atendidos en el hospital de la ciudad, y cuando se llenó y no quedó sitio para recibir a los cientos de afectados por situaciones de asfixia, los que no cabían fueron llevados a hospitales de Idleb y Turquía.

Unas pocas horas después, el hospital de Jan Sheijún y los centros de la Defensa Civil colindantes fueron bombardeados violentamente, lo que los dejó inutilizados, a pesar de haber sido construidos en el interior de un monte de piedra.

Cuando llegué al lugar donde se encontraban el hospital y la Defensa Civil, la entrada no eran más que escombros.

Entré y me encontré un lugar oscuro debido a la falta de electricidad y la destrucción. No encontré armas dentro del hospital, sino aparatos médicos destrozados, medicinas esparcidas como resultado de los bombardeos, un quirófano inutilizable, e inyecciones de atropina para contrarrestar los efectos del sarín y que los médicos no habían podido utilizar debido a los bombardeos y la necesidad de evacuar el lugar.

Tras la visita al hospital fui a casa de la familia Al-Yusuf, que había perdido más de veinte miembros.
Me encontré con Abd al-Hamid al-Yusuf en el umbral del desconsuelo. Es el padre cuya imagen abrazando a sus gemelos, Ahmad y Aya, se hizo viral en las redes sociales. Ambos habían muerto asfixiados tras el ataque químico, con tan solo nueve meses de edad. También su mujer, su hermano, otros familiares y los hijos de sus hermanos.

Abd al-Hamid y su hermano Jaled intentaron ayudar a las víctimas, mientras su mujer e hijos se escondían en uno de los refugios. Sin embargo, el gas venenoso se filtró al sótano, lo que provocó la asfixia de la familia en un lugar que pensaron que sería más seguro. Tuvo una crisis nerviosa cuando descubrió lo que había sucedido.

Cuando lo visité, seguía preso del shock. Llevaba un chándal de color oscuro, que perfilaba su rostro delgado y su barba ligera: en ocasiones se le perdía la mirada lejos, y después volvía para repetir los nombres de sus hijos. Los familiares le recordaban que era importante darse tiempo para asimilar, mientras las lágrimas caían.

Su hermano Jaled sigue enfermo y solo puede llorar cuando recuerda a sus familiares muertos en el bombardeo.

Su primo Alaa Yusuf, que tomó la famosa imagen del padre con los hijos, recuerda el shock de Abd al-Hamid, el sufrimiento de la familia y el momento en que se enterró a los gemelos. Recuerda cómo el padre insistió en abrazarlos hasta que llegaron a las tumbas. Cuando vio a su primo retratando la escena le dijo: “Hazme una foto con estos gorriones”.

martes, 11 de abril de 2017

El tiempo de la claridad química



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 11/04/2017



Los misiles Tomahawk estadounidenses -que el señor Donald Trump dice que fueron lanzados en respuesta al bombardeo aéreo con armas químicas por parte de Bashar al-Asad a la localidad de Jan Sheijún-, no han descubierto nada nuevo, a pesar de su carácter teatral. Simplemente certifican lo anterior, aunque ya estuvieran claras las posturas internacionales y regionales en relación a la desgracia siria.


En primer lugar, han demostrado que los EEUU, ya sea con su actual voluntad trumpista o en el tiempo de Barack Obama, no están interesados en el destino del pueblo sirio, y que no forjarán alianzas más que con una única parte en la zona, que es Israel. Quienes aseguran que son aliados de EEUU, no son más que lacayos serviles que no llegan ni al nivel de colaboradores.

En segundo lugar, han demostrado que el régimen de la dictadura en Siria, seguirá adelante con su salvaje objetivo, apoyándose en sus aliados ruso e iraní. El objetivo del régimen es destruir Siria sobre las cabezas de su pueblo, porque no puede ver en los sirios y las sirias más que esclavos de la dinastía gobernante y su mafia militar, securitaria y económica. Esperar el auxilio de EEUU fue una ilusión criminal, y celebrar los misiles estadounidenses en el aeropuerto de Shayrat en Homs, no supuso más que la celebración por parte de los incapaces de su incapacidad. El ataque de Trump no ha sido más que un suceso mediático, pues este presidente, que solo domina el arte de poner maquillaje en su rostro y ponerse, como un mal actor de televisión, delante de las cámaras para dar al mundo lecciones de amor por la infancia, no hará nada para proteger a los civiles sirios que mueren asfixiados y bajo los escombros.

El objetivo que se puso George W. Bush y que había llevado a la práctica antes la administración Clinton, durante el largo y salvaje bloqueo a Iraq, es devolver la zona a la Edad de Piedra. Ese sigue siendo el objetivo real de EEUU. Trump ha añadido un toque teatral a ese objetivo, por medio de un ataque limitado e inocuo. Su único objetivo es mediático. ¡El racista que odia a los extranjeros y desprecia a los árabes y musulmanes defiende a los niños de Jan Sheijún! No es más que una obra de teatro televisada. Nada cambiará en la ecuación de la salvaje lucha en y por Siria. A EEUU y su alianza imperialista con Israel y sus secuaces árabes no les preocupa el derecho del pueblo sirio a la libertad y la vida, sino que les interesa destruir Siria y sacarla del mapa de la región.

Por su parte, el régimen de las armas químicas, que no se sacia de escenas de muerte y destrucción, sigue implacable su guerra para exiliar al pueblo sirio, humillarlo y matarlo. El objetivo del régimen no es ya gobernar Siria mediante la humillación; es decir, que la humillación ya no es un medio de gobierno, sino que se ha convertido en un objetivo en sí mismo. El despotismo, que ha tratado con el pueblo sirio como si se tratara de un pueblo de esclavos, se ha enfrentado y enfrenta al pueblo del mismo modo en que los señores enfrentan la rebelión de sus esclavos: convirtiendo la humillación en el objetivo absoluto en sí mismo, puesto que es la condición para la preservación de la esclavitud.

Por tanto, al régimen no le preocupa el futuro de las ciudades, localidades o pueblos: ¡Que se vaya toda Siria al Infierno, que todos los esclavos se conviertan en refugiados y exiliados, y que mueran a causa de las armas químicas y los barriles!

Humillar a los sirios y sirias y destruir su supervivencia como seres humanos es el objetivo que ahora es posible gracias a la entrada del juego de las luchas religiosas-bárbaras en la ecuación. Las milicias suníes y chiíes se matan entre sí y matan a la gente bajo banderas religiosas, y han cubierto con sangre y fuego el objetivo por el que los sirios salieron a las calles que hicieron historia, anunciando su lucha por la libertad y la dignidad.

En tercer lugar, ha demostrado que la Federación Rusa pretende, por medio de su alianza neocolonial con Irán, volver a la zona y extender su influencia, sin importarle el destino de los sirios y las sirias. La Rusia de Putin siente que la crisis de Occidente con el liderazgo estadounidense y la confusión racista europea y estadounidense contra los inmigrantes y refugiados le permitirán ocupar de nuevo la posición de segunda potencia, cubriendo su debilidad estructural y económica con su músculo militar. Pretende, a través de los campos de muerte siria, normalizar su situación en Ucrania, y levantar las sanciones occidentales.

Estas tres realidades, a pesar de ser claras, no acaban con la nebulosa política que rodea a la tragedia siria, pues las contradicciones internacionales y regionales son rabiosas, y nada indica que haya posibilidades de acuerdo entre los intereses contrapuestos que han hecho de Siria un cruento campo de batalla global. La dudosa e improvisadora administración Trump quiere dirigir un mensaje a los rusos de que su absoluto unilateralismo en Siria no es sin condiciones, del mismo modo que la movilización de barcos frente a la península coreana es un mensaje para China.

Sin embargo, a esos dos mensajes los envuelve la ausencia de una visión estratégica que los EEUU de Trump no han encontrado hasta ahora. En contrapartida, la oscuridad que vive el Levante árabe se hace cada vez más negra. Los árabes, como los sirios, han quedado fuera de la ecuación. Se trata de la oscuridad de dos despotismos: por un lado, un despotismo militarocrático que dio vida a los regímenes de la mafia salvaje y, por otro, un despotismo petrolero fundamentalista que ha dado lugar a la locura de Daesh. La tragedia es que hay quien nos invita a elegir entre la plaga y el cólera, y sugiere que los regímenes timurlanescos son el refugio frente a la locura de los takfiríes, y que entrar en una guerra sectaria nos librará del sectarismo de la plaga daeshí. Un plaga que se ha colado y se cuela por los agujeros del despotismo, como se ha visto en los dos bárbaros ataques contra las iglesias de Tanta y Alejandría (Egipto) el pasado Domingo de Ramos, o del colapso del despotismo, como sucede hoy en Siria. El despotismo también encuentra en Daesh y sus hermanas su espejo, su igual y su justificación. Pero esto no significa que no exista otra opción, y si dicha opción está oculta, tendremos que inventarla.

El camino hacia esa opción comienza con el reconocimiento del fin de una etapa histórica al completo, y con la construcción de un horizonte conformado por nuestra toma de conciencia de lo que implican estas desgracias, y funda una nueva visión democrática que nace en medio de las dificultades y que se va abriendo camino con lentitud entre la conciencia y la práctica.


jueves, 16 de marzo de 2017

Samira Khalil: símbolo de la revolución siria

video

En este vídeo, Yassin Al-Haj Saleh habla de su mujer, la activista Samira Khalil, que pasó cuatro años en las cárceles de Hafez al-Asad, se unió a la revolución en 2011 y terminó secuestrada en 2013 por la facción islamista del Ejército del Islam. Este vídeo se grabó a propósito de la publicación de un diario de Samira en castellano, y se ha decidido compartir en público ahora con motivo del sexto aniversario del inicio de la revolución.